Rotura del ligamento cruzado anterior: carrera viable

Rotura del ligamento cruzado anterior: carrera viable


04 de marzo de 2026 • 22:10

4 minutos de lectura

Noemí Moreira

Noemí Moreira

Redacción ED.

El médico rehabilitador Joel Cuesta, miembro de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física, señaló que la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla es una lesión grave, pero no significa necesariamente el final de la carrera deportiva. La afirmación surge tras el percance sufrido por el futbolista del Real Madrid, Rodrygo Goes.

El especialista explicó que los avances en cirugía, los programas de rehabilitación más completos y la aplicación rigurosa de criterios para el retorno al deporte permiten que muchos pacientes recuperen su actividad competitiva con garantías.

Recuperación exige trabajo multidisciplinario

Según Cuesta, el proceso de recuperación requiere paciencia y suele prolongarse más de nueve meses. En este período interviene un equipo multidisciplinario integrado por cirujanos, médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, preparadores físicos y psicólogos deportivos.

El especialista precisó que, a pesar de los avances médicos, la rotura del ligamento cruzado anterior sigue siendo uno de los principales retos en la medicina del deporte debido a su impacto funcional y a la necesidad de garantizar un retorno progresivo y seguro a la actividad física.

Una lesión que afecta la estabilidad de la rodilla

Cuando se produce la rotura del ligamento cruzado anterior, la rodilla pierde estabilidad, especialmente durante movimientos rápidos como frenadas, cambios de dirección o saltos. Estas acciones son habituales en deportes de alta exigencia física.

Cuesta explicó que la mayoría de estas lesiones no se produce por contacto directo. En muchos casos ocurre por un mal apoyo, una torsión con el pie fijo o una caída, situaciones que generan una presión elevada en la articulación.

Síntomas frecuentes tras la lesión

El especialista indicó que el deportista suele percibir un sonido similar a un “crack” en el momento de la lesión. A esto se suman un dolor intenso y una inflamación que aparece poco después del incidente.

Estos síntomas suelen llevar a una evaluación médica inmediata para confirmar el diagnóstico y definir el tratamiento más adecuado, que puede incluir procedimientos quirúrgicos o terapias de rehabilitación dependiendo del caso.

Mayor incidencia en mujeres deportistas

De acuerdo con Cuesta, las mujeres presentan entre dos y ocho veces más probabilidades de sufrir rotura del ligamento cruzado anterior que los hombres que practican los mismos deportes.

El especialista explicó que esta diferencia se debe a una combinación de factores anatómicos, hormonales y neuromusculares. Entre ellos se encuentran una pelvis más ancha, el ángulo entre cadera y rodilla, así como la influencia hormonal relacionada con la laxitud ligamentosa.

Factores biomecánicos y control muscular

Diversos estudios muestran que, al saltar o realizar giros, las mujeres tienden a flexionar menos la rodilla y a depender más del cuádriceps que de la musculatura posterior. Estas diferencias en el control neuromuscular pueden aumentar el riesgo de lesión.

El análisis biomecánico y los programas de prevención orientados al fortalecimiento muscular forman parte de las estrategias que buscan reducir la incidencia de este tipo de lesiones en el deporte profesional.

Opciones de tratamiento y nuevos protocolos

El especialista explicó que no todos los pacientes requieren cirugía. Sin embargo, en deportistas que desean volver a su nivel competitivo previo, la intervención quirúrgica suele ser la opción más recomendada.

Entre las alternativas en estudio se encuentra el protocolo “Cross Bracing”, presentado en el último congreso de la SERMEF y desarrollado en Australia. Esta técnica busca favorecer la cicatrización biológica del ligamento manteniendo la rodilla en una posición específica de flexión durante varias semanas.

Rehabilitación prolongada y retorno al deporte

La rehabilitación posterior a la lesión resulta determinante para la recuperación funcional. Este proceso puede extenderse entre nueve y doce meses, dependiendo de la evolución del paciente y de la exigencia deportiva.

Según el especialista, solo alrededor del 55 % de los deportistas logra regresar al mismo nivel competitivo previo a la lesión. Además, los seis meses que tradicionalmente se utilizaban como referencia para volver a competir ya no se consideran un criterio adecuado en la medicina deportiva actual.

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