El 25 de noviembre de 2025, en el Hôtel Drouot de París, bajo la dirección del subastador Christophe Joron-Derem, se remató por 1,45 millones de euros (equivalente a USD 1,68 millones), la pintura inédita “El niño y sus juguetes. Esta obra es atribuida a Pierre-Auguste Renoir. El precio final, incluyendo honorarios, alcanzó los 1,8 millones de euros (USD 2 millones), superando las estimaciones y atrayendo a un coleccionista internacional.
La obra, un óleo sobre lienzo de 54 por 65 centímetros, representa a Jean Renoir, hijo menor del pintor, sentado en las rodillas de Gabrielle Renard, su niñera y musa recurrente, mientras juega con figuritas de madera. Esta escena doméstica, datada entre 1890 y 1895, captura la esencia de la producción tardía de Renoir, centrada en la intimidad familiar y la luz natural.
Christophe Joron-Derem, del estudio Joron-Derem, la describió como “una obra maestra de la intimidad”, destacando su rareza dentro de la obra renoiriana. La pieza llegó a la subasta en un estado de conservación excepcional, sin requerir restauración, lo que contribuyó a su alto valor. La estimación previa oscilaba entre 1 y 1,5 millones de euros, pero el interés de especialistas en impresionismo impulsó la puja final.
El origen de la pintura
El origen familiar de la pintura añade un velo de misterio y autenticidad. Renoir la regaló directamente a su alumna y amiga Jeanne Baudot, quien también fue madrina de Jean. Baudot conservó la obra hasta su muerte en 1957. Posteriormente, pasó a su hijo adoptivo, Jean Griot, quien la mantuvo en su dormitorio hasta su fallecimiento en 2011.
Durante un siglo, el lienzo permaneció fuera del ámbito público. Nunca fue expuesto, publicado ni incluido en los archivos Wildenstein, el catálogo raisonné esencial para la autenticación de obras de Renoir. Esta ausencia generó especulaciones sobre su paradero, convirtiéndola en un descubrimiento excepcional para historiadores del arte.
Autenticación de la obra
La autentificación reciente, realizada por expertos del estudio Joron-Derem, se basó en análisis técnicos y estilísticos que confirman su atribución a Renoir. La obra se integra ahora al inventario oficial del artista. Esto enriquece el conocimiento sobre su periodo de madurez, marcado por la artritis que suavizó su pincelada y lo orientó hacia temas hogareños.
Renoir realizó varios estudios similares con Gabrielle y Jean en esa época. Solo se conocen dos pinturas comparables: una exhibida en la National Gallery of Art de Washington D.C. y otra en el Musée de l’Orangerie de París. Estas piezas comparten la temática de la niñez y la cotidianidad, elementos centrales en la evolución del impresionismo hacia representaciones más personales.
Inició su carrera en París
Pierre-Auguste Renoir (1841-1919) es uno de los pilares del impresionismo francés, junto a figuras como Claude Monet y Alfred Sisley. Nacido en Limoges en una familia obrera, Renoir comenzó su carrera pintando porcelanas en París. Ingresó en la École des Beaux-Arts en 1862, donde desarrolló su estilo luminoso y festivo, evidente en obras icónicas como “Le Moulin de la Galette” (1876) y “La Grenouillère” (1869).
En la década de 1880, la artritis reumatoide limitó su movilidad, transformando su técnica. Los trazos se volvieron más fluidos y sensuales, priorizando retratos y escenas familiares. Gabrielle Renard, originaria de Essoyes y contratada como niñera en 1894, posó en más de 150 obras de Renoir, encarnando la gracia natural y la calidez que definieron su fase final. Jean Renoir, quien aparece en el lienzo como un niño de unos tres años, recordaría más tarde: “Mi padre no elegía poses, sino momentos espontáneos para capturar el silencio de la infancia”.
El hallazgo del óleo
Este hallazgo no solo valida la autenticidad de colecciones privadas, sino que ilumina los lazos personales de Renoir. Jean, futuro cineasta galardonado con un Oscar honorífico en 1975, heredó el espíritu artístico de su padre, dirigiendo películas como “La gran ilusión” (1937). La subasta en el Hôtel Drouot, epicentro de ventas artísticas en París desde 1852, subraya el vigor del mercado impresionista, donde obras de Renoir han alcanzado hasta 78,1 millones de dólares en transacciones previas, como “Au Moulin de la Galette” en 1990.
El comprador, un coleccionista internacional cuya identidad no se divulgó, adquiere no solo una pieza rara, sino un testimonio vivo del impresionismo. Especialistas consultados por Art News afirman que esta obra podría integrarse en exposiciones futuras, como las programadas en el Musée d’Orsay para 2026, dedicadas a la iconografía familiar en el arte francés.
El contexto de esta subasta resalta el auge de redescubrimientos en el impresionismo, impulsado por análisis forenses avanzados y el interés global por el arte del siglo XIX. En 2025, el mercado de subastas parisino ha registrado un incremento del 15 % en ventas de obras inéditas, según reportes de Sotheby’s y Christie’s, posicionando a París como capital indiscutible del comercio artístico europeo. (27)
