Las Vegas y Macao son dos de las más grandes mecas del entretenimiento a nivel mundial. Ambas ciudades resplandecen en la noche con neones y prometen lujo desmedido que atrae a millones de personas cada año. Pero solo se necesitan cinco minutos en sus alfombras para darse cuenta de que son mundos diferentes.
Lo que funciona en el desierto de Nevada no funciona en la costa sur de China, y la diferencia está en la cultura de sus visitantes y en la forma en que cada hemisferio concibe la suerte, el destino y la diversión. Mientras que en Occidente el juego es ocio o fiesta, en Oriente se lo toma con solemnidad casi religiosa. Y por supuesto, esta diferencia influye en todo, desde la arquitectura de los edificios hasta los juegos que llenan la planta principal.
El imperio de las máquinas contra la tiranía de las cartas
Lo primero que se nota al acceder a un casino de estos, es el ruido. En Las Vegas, el aire está saturado con el sonido de los clics digitales y el zumbido perpetuo de las máquinas tragamonedas. El jugador occidental aprecia la intimidad y el aislamiento de estos aparatos, por lo que busca algo personal, algo que le permita aislarse del mundo exterior a través de una pantalla.
Pero al otro lado del Pacífico todo se transforma, es evidente; de hecho, cualquier persona que haya estado en un casino de Macao sabe que el silencio y la tensión se ciernen sobre las mesas de paño verde.
En este sentido, el rey en Asia es el baccarat. Este juego de cartas da la posibilidad de hacer algo que se aprecia mucho en la cultura oriental: manipular el destino o, por lo menos, intentarlo. Los jugadores asiáticos aman el aspecto comunitario y social, por lo que se reúnen en las mesas, celebran y lloran. Allí no se pretende la soledad de la máquina, sino la fuerza colectiva para atraer la suerte.
Arquitectura, superstición y feng shui
Estas dos vertientes filosóficas afectan todo a su paso, y es por ello que la arquitectura de los edificios también muestra estos valores culturales opuestos. Las Vegas apuesta por una temática de fantasía, donde la mayoría de los complejos intentan recrear destinos exóticos como Egipto, París, Venecia o la antigua Roma. Se trata de sumergirse por completo en una realidad alternativa dominada por el espectáculo visual.
Pero al otro lado del mundo, en Macao, la belleza sigue códigos no escritos, pero que llegan a ser muchísimo más severos. El feng shui determina la orientación de las puertas, la ubicación de las fuentes y hasta el color de las alfombras. Los arquitectos occidentales tuvieron que aprender estas reglas por las malas.
Por ejemplo, cuando el MGM Grand intentó copiar su emblemática entrada con forma de boca de león en su versión asiática, los nativos se rehusaban a acercarse, ya que decían que adentrarse en sus fauces traía mala suerte y era ser devorado, por lo que la entrada tuvo que ser rediseñada para ajustarse al gusto local.
La numerología también es importante. Mientras que en Occidente evitamos el trece, en Asia se evita el cuatro, por el hecho de que suenan igual que la palabra muerte. Es normal que haya edificios en Macao en los que en el ascensor no haya un piso cuatro en el panel, y el caso opuesto a esta superstición sería el número ocho, que es aclamado por ser sinónimo de prosperidad y riqueza.
El tipo de visitante y la fórmula del éxito
El interés del turista que los visita también es muy diferente. El visitante que llega a Las Vegas busca un paquete completo de fin de semana; a estos turistas no les preocupan las deudas. Quieren un show del Cirque du Soleil, una cena en un restaurante de autor, un club nocturno y unas apuestas entre tragos. Quieren muchas experiencias, entre las que el juego es solo una porción de un menú mucho mayor de entretenimiento.
En Macao son mucho más directos, más puristas. El turista medio viaja para jugar. La variedad de espectáculos y vida nocturna es mucho menor que en su hermana americana porque no hay demanda.
Y una vez más, esta formalidad se extiende hasta aspectos que nunca se te pasarían por la cabeza, como el consumo de alcohol. En Las Vegas, las bebidas se sirven en la sala como parte de la fiesta. Pero si cruzamos el charco, en las mesas altas de Macao es más normal ver a los jugadores bebiendo té o agua caliente, porque para ellos, tener la mente despejada es esencial al intentar leer los patrones de las cartas.
Macao y Las Vegas son dos maneras distintas de vivir una misma industria mundial; ninguna es mejor que la otra, simplemente son dos maneras diferentes de jugar bajo las mismas reglas.
(Contenido patrocinado).
