Un anciano de 86 años, identificado como Roy Marsh, fue multado en Skegness, ciudad costera del este de Inglaterra, luego de escupir involuntariamente una hoja que el viento introdujo en su boca, un hecho ocurrido en la vía pública y que generó polémica social y familiar.
El incidente ocurrió mientras Roy Marsh caminaba por las calles de Skegness, una localidad de poco más de 20.000 habitantes, situada en el distrito de East Lindsey, en el condado de Lincolnshire. De acuerdo con su testimonio recogido por medios locales, el viento arrastró una hoja caída de un árbol y esta terminó en su boca.
Marsh, quien padece asma severa y problemas cardíacos, comenzó a toser y se vio obligado a escupir para poder respirar con normalidad. El acto, según explicó posteriormente, fue completamente involuntario y motivado por su condición de salud.
Sin embargo, dos agentes se acercaron al anciano tras observar el gesto y le informaron que recibiría la sanción por escupir en la vía pública, una conducta considerada infracción dentro de las normas municipales de control ambiental.
Multa económica y apelación
La sanción inicial impuesta a Marsh fue de 250 libras esterlinas, equivalentes a 334 dólares, una cifra que generó sorpresa tanto en el afectado como en su entorno familiar. El anciano relató que se sintió tratado de forma desproporcionada, asegurando que los agentes lo rodearon como si hubiese cometido un delito grave.
Posteriormente, el caso fue objeto de apelación, tras lo cual la multa fue reducida a 150 libras (aproximadamente 200 dólares). A pesar de la rebaja, Marsh decidió pagar la sanción para dar por concluido el proceso y evitar mayores complicaciones.
Según su relato, la experiencia tuvo un impacto emocional significativo, al punto de afirmar que ahora siente temor de salir de su vivienda, por miedo a que una situación similar vuelva a ocurrir.
Reacción de la familia y críticas públicas
La multa provocó una fuerte reacción en el entorno del anciano. Su esposa, Anne Marsh, de 76 años, y su hija, Jane, expresaron públicamente su indignación y cuestionaron la actuación de los agentes involucrados.
Jane utilizó las redes sociales para denunciar el hecho, calificándolo como una “completa vergüenza”. En sus publicaciones, afirmó que las autoridades locales “acosan y aterrorizan a las personas mayores” y aseguró que existen otros casos de ancianos sancionados por situaciones menores, como recoger objetos que se les habían caído al suelo.
Las declaraciones generaron debate en plataformas digitales y medios locales, donde el caso se citó como ejemplo de una aplicación estricta y controvertida de las ordenanzas municipales.
Respuesta del Ayuntamiento
Ante la polémica, el Ayuntamiento de la zona emitió un pronunciamiento en el que rechazó cualquier intención de perseguir o sancionar de forma deliberada a personas mayores. Según la autoridad local, los agentes solo intervienen cuando consideran que se ha cometido un delito medioambiental.
En su explicación oficial, el consistorio señaló que el objetivo de estas medidas es “cambiar conductas para mantener un entorno limpio y seguro”, y no criminalizar a sectores específicos de la población.
No obstante, el caso de Roy Marsh ha reabierto el debate sobre la proporcionalidad de las sanciones, la interpretación de las normas y el trato hacia personas en situación de vulnerabilidad, especialmente adultos mayores con problemas de salud.
