“¡Vancouver! ¡Vancouver! ¡Eso es todo!”. Esas fueron las últimas palabras de David A. Johnston, científico estadounidense de 30 años. Dichas palabras las pronunció el 18 de mayo de 1980 desde el monte St. Helens, en el estado de Washington, Estados Unidos. Johnston, geólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), murió durante la erupción volcánica tras advertir que una nube piroclástica se dirigía hacia la ciudad de Vancouver.
David Alexander Johnston era vulcanólogo y formaba parte del equipo científico que monitoreaba la actividad del monte St. Helens. Se trata de un estratovolcán que había mostrado señales claras de inestabilidad durante los meses previos a la erupción. La mañana del 18 de mayo de 1980, David Johnston se encontraba en un puesto de observación ubicado en Coldwater II. Estaba a unos nueve kilómetros del cráter.
David A. Johnston tuvo 15 segundos para avisar
La misión de este vulcanólogo era reportar cualquier cambio significativo. A las 08h32 de ese día, el volcán colapsó parcialmente y generó una de las erupciones más destructivas en la historia reciente de Estados Unidos. Minutos antes de que una avalancha de rocas, ceniza y gases sobrecalentados descendiera a gran velocidad por la ladera norte. Sin embargo, Johnston realizó una transmisión. Lo hizo a través de una radio en la que alertó que la nube se dirigía hacia Vancouver, ciudad del estado de Washington.
Según los registros oficiales del USGS, Johnston sabía que el fenómeno avanzaba a una velocidad que hacía imposible la evacuación desde su ubicación. Los expertos estiman que, desde el momento del colapso hasta el impacto, transcurrieron apenas unos 15 segundos. El científico falleció de inmediato junto a otros profesionales y personas que se encontraban en zonas cercanas al volcán.
Contribución al entendimiento de los riesgos volcánicos
La erupción del monte St. Helens dejó un saldo de 57 personas fallecidas, destruyó más de 200 viviendas, arrasó bosques enteros y causó daños materiales millonarios. El evento marcó un antes y un después en el estudio y monitoreo de volcanes activos en Estados Unidos. También en otras partes del mundo. David A. Johnston había nacido en Chicago y era considerado un científico prometedor en el campo de la vulcanología.
Sus colegas destacaron su compromiso con la investigación y la seguridad pública. Tras su muerte, el USGS reconoció su labor y su contribución al entendimiento de los riesgos volcánicos. Como homenaje, el observatorio volcánico del USGS en Vancouver fue nombrado David A. Johnston Cascades Volcano Observatory. Este centro se convirtió en una referencia internacional para el monitoreo de volcanes y la gestión de riesgos naturales.
Las últimas palabras de Johnston quedaron registradas como un símbolo del trabajo científico orientado a la prevención y la advertencia temprana. Su mensaje, emitido segundos antes de perder la vida, reforzó la importancia de la vigilancia volcánica y de la comunicación oportuna para reducir el impacto de desastres naturales en zonas pobladas.
