Dante Gebel canta a Julio Iglesias, bromea sobre Javier Milei, cita a Neruda. Proyecta una foto de Maradona y recuerda su adolescencia en Buenos Aires. La palabra “Jesús” todavía no aparece. Cuando finalmente la pronuncia, el público —miles de personas— ya está emocionalmente capturado.
Para entonces, Gebel no parece un pastor. Tampoco un político. Es algo más ambiguo y, por eso mismo, más eficaz, así cuenta una crónica periodística la vida en el escenario de este pastor argentino que suena para candidato a la presidencia.
La Argentina con Milei
En la Argentina posterior al triunfo de la motosierra libertaria de Milei, donde lo impensado dejó de ser imposible, un líder evangélico empezó a ser tomado en serio como una variable política. Dante Gebel (Billinghurst, 1968), conductor de televisión, conferencista, escritor y showman de la fe, aparece hoy como un outsider capaz de disputar sentidos —y eventualmente votos— en el camino a las presidenciales de 2027.
Las comparaciones con Milei no se agotan en el estilo. Como el actual presidente en sus comienzos, Gebel carece de estructura partidaria tradicional, pero compensa esa debilidad con carisma, narrativa épica y una comunidad que se siente elegida. Milei predicó contra la “casta” desde la economía. Gebel lo hace desde la teología de la prosperidad: su riqueza, repite, es una bendición divina. No promete ajuste, promete sentido, señalan las notas periodísticas que durante las últimas semanas se han referido a él.
Cada vez que le preguntan por su ocupación, evita definirse como pastor evangélico. Prefiere llamarse “motivador”. No miente. Sus ceremonias se parecen más a un espectáculo teatral que a un culto: baila, canta, hace humor, interpela a creyentes y no creyentes con un mensaje que busca “acercarse a Dios sin pasar por la religión”.
En Anaheim, California, su River Arena reúne cada semana a unas 10.000 personas. En redes sociales, acumula millones de visualizaciones en toda Latinoamérica.
La vida de Dante Gebel en Estados Unidos
Radicado en Estados Unidos, Gebel mantiene intacto el tono barrial. Habla como si nunca se hubiera ido de Billinghurst. Sus gestos, su cadencia y su humor son reconocibles para cualquiera que haya crecido lejos del centro. Esa familiaridad explica parte de su magnetismo.
Su historia mediática arranca temprano. A los 23 años lanzó “Línea abierta”, un programa de radio en el que creó a Cristianeitor, un personaje irreverente con el que rompió la comunicación evangélica tradicional. El mensaje seguía siendo conservador —castidad, familia, orden moral—, pero las formas eran nuevas. Cambió el envoltorio sin tocar el núcleo. Amplió las fronteras.
Desde entonces, nadie llevó tan lejos como él la fusión entre sermón cristiano y entretenimiento de masas. En 2001 estrenó “Misión: Rec”, una cruzada con guiños a Hollywood que luego mutó en “Misión: Argentina” y llegó al Luna Park. La religión, en su versión, dejó de predicarse: se escenificó.
Argentina, país de tradición católica pero pionero regional en derechos como el matrimonio igualitario y el aborto legal, suele mirar con recelo a cierto evangelismo importado: exorcismos televisivos, gritos, promesas de sanación exprés. Gebel va por otro camino. Más amable, más ambiguo, más digerible. Sabe que el estereotipo del falso profeta es un obstáculo y trabaja para desarmarlo.
Los números acompañan el contexto. Entre 2008 y 2019, la población evangélica pasó del 9% al 15%. Proyectado a 2025, el universo rondaría los 8 millones de personas: un electorado joven, en expansión y subrepresentado. Gebel lleva años intentando perforar la medianera que separa a los evangélicos del resto del cuerpo social.
Voces a favor dentro de Argentina
Ese trabajo empieza a tener traducción política. Sindicalistas, empresarios y figuras del espectáculo coquetean con la idea de “Gebel Presidente”. Desde el peronismo, huérfano de liderazgos competitivos, también llegan guiños. Uno de los líderes de la agrupación, Juan Grabois, dijo que le gusta que “hable de humanismo en momentos de deshumanización”. La frase condensa una época de cansancio con la violencia discursiva.
Las encuestas, por ahora, son frías: 1,8% de intención de voto y alto desconocimiento. Pero el dato no está solo en el porcentaje, sino en la conversación. Mientras gira con su espectáculo “PresiDANTE”, conduce un show grabado en Estados Unidos, hace radio popular y multiplica donaciones millonarias, Gebel deja siempre la misma puerta entreabierta.
Cuando le preguntan si será candidato, no lo niega. “No lo descarto”, dice. En la Argentina de las sorpresas, a veces eso alcanza para que muchos empiecen a creer. Aunque todavía no sepan si están frente a un pastor, un showman o una nueva forma de poder que habla de Dios sin nombrarlo. (10).
