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Un equipo internacional de científicos confirmó la existencia de un enorme reservorio de agua dulce bajo el lecho del océano Atlántico, frente a la costa noreste de Estados Unidos.
El hallazgo, verificado durante la Expedition 501, confirma que el depósito se formó hace aproximadamente 20.000 años, durante la última glaciación, cuando el nivel del mar era considerablemente más bajo.
El descubrimiento se basa en investigaciones previas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), que décadas atrás detectó indicios de agua dulce atrapada en sedimentos marinos. Sin embargo, fue la reciente expedición científica la que obtuvo evidencia directa mediante perforaciones profundas en el fondo marino.
Durante la misión, los investigadores perforaron varios cientos de metros bajo el lecho oceánico frente a Nantucket y Martha’s Vineyard, recuperando más de 13.000 galones de agua con baja salinidad, lo que confirma la magnitud y antigüedad del acuífero.
Formación y características del acuífero submarino
El reservorio se extiende, según estimaciones preliminares, desde el estado de Nueva Jersey hasta Massachusetts, bajo la plataforma continental del Atlántico. La acumulación se produjo cuando grandes volúmenes de agua dulce quedaron atrapados en sedimentos porosos y posteriormente fueron cubiertos por capas de arcilla y limo.
Estos sedimentos actúan como barreras naturales que mantienen separada el agua dulce del agua salada del océano. La estabilidad del sistema depende de un delicado equilibrio geológico y de presión que evita la intrusión marina.
Los investigadores indicaron que este tipo de acuíferos submarinos no son renovables en escalas humanas, ya que su formación ocurrió bajo condiciones climáticas y geológicas que ya no existen.
Potencial estratégico y desafíos técnicos
Aunque el volumen estimado podría ser suficiente para abastecer a millones de personas durante siglos, los científicos subrayan que el hallazgo no representa una solución inmediata a la escasez hídrica.
El geofísico Brandon Dugan, codirector científico de la expedición, explicó que antes de considerar cualquier explotación es necesario determinar tasas de extracción sostenibles que eviten la intrusión de agua salada y la degradación del recurso.
Además, se requieren estudios para definir los puntos óptimos de bombeo, el impacto ambiental de las perforaciones y la viabilidad técnica de transportar el agua hacia tierra firme y tratarla para consumo humano.
Implicaciones legales y ambientales
El acuífero se ubica en aguas federales o dentro de zonas económicas exclusivas, lo que implicaría la creación de nuevos marcos regulatorios para definir derechos de uso y mecanismos de gestión.
También se deberán evaluar posibles impactos sobre ecosistemas marinos y considerar la participación de comunidades costeras con vínculos históricos con la plataforma continental.
Los investigadores destacan que este reservorio podría funcionar como una reserva estratégica en escenarios extremos, como sequías prolongadas, contaminación de acuíferos costeros o eventos climáticos severos que afecten fuentes tradicionales de agua dulce.
El hallazgo aporta además información relevante sobre la dinámica del ciclo del agua en el pasado y la influencia de procesos geológicos antiguos en los recursos actuales.
