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Diversos estudios científicos publicados en los últimos años en Estados Unidos, Austria y Argentina analizan si el ciclo lunar de 29,5 días influye en el sueño, el trastorno bipolar y el ciclo menstrual, un debate histórico que durante décadas fue considerado infundado por la comunidad científica debido a la falta de evidencia concluyente.
Desde la antigüedad, múltiples culturas han asociado la luna llena con cambios en el comportamiento humano. El término “lunático” proviene del latín luna, reflejando una creencia persistente sobre su influencia en la mente. Sin embargo, investigaciones a gran escala realizadas durante el siglo XX no encontraron aumentos consistentes en homicidios, ingresos psiquiátricos o emergencias médicas durante la luna llena.
Estudios epidemiológicos amplios descartaron variaciones significativas en tasas de violencia o ingresos hospitalarios vinculados a las fases lunares. Estos hallazgos consolidaron durante años el consenso científico de que la luna no ejerce efectos directos medibles sobre el comportamiento humano, señala Katarina Zimmer en un artículo publicado en National Geographic.
No obstante, investigaciones recientes sugieren que la influencia lunar podría ser más sutil y estar relacionada con fenómenos biológicos cíclicos, especialmente aquellos vinculados al sueño y a ritmos internos del organismo.
Estudios sobre sueño y fases lunares
Uno de los trabajos más citados fue liderado por el investigador del sueño Horacio de la Iglesia, de la Universidad de Washington. Su equipo monitoreó patrones de descanso mediante relojes de actividad en casi 100 miembros de comunidades indígenas toba/qom en Argentina y en cientos de estudiantes universitarios en Seattle.
Los resultados mostraron que, en las noches previas a la luna llena, los participantes se acostaban en promedio 40 minutos más tarde y dormían menos. El hallazgo se registró tanto en poblaciones sin acceso regular a electricidad como en estudiantes expuestos a luz artificial intensa.
El estudio también identificó una reducción del sueño en torno a la luna nueva, cuando la luna no es visible. Estos datos sugieren que la luz lunar no sería el único factor involucrado.
Gravedad, ritmos biológicos y evidencia limitada
Algunos investigadores han planteado la hipótesis de que la alineación del Sol, la Tierra y la Luna durante las fases de luna llena y luna nueva —cuando la fuerza gravitatoria combinada es mayor— podría tener efectos biológicos indirectos. Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia comprobada de que los humanos puedan detectar variaciones gravitacionales tan pequeñas, señala la publicación.
La cronobióloga Kristin Tessmar-Raible, de la Universidad de Viena, ha señalado que los datos recientes deben analizarse con rigurosidad metodológica. Según la especialista, la existencia de registros medibles obliga a la comunidad científica a investigar los mecanismos subyacentes sin asumir conclusiones anticipadas.
En el ámbito marino, especies como el gusano Platynereis dumerilii responden a variaciones en la duración de la luz lunar, no a cambios gravitacionales. Esto sugiere que, en organismos estudiados hasta ahora, la luz es el principal factor ambiental asociado al ciclo lunar.
Trastorno bipolar y sincronización lunar
En el campo de la psiquiatría, el científico Thomas Wehr, del Instituto Nacional de Salud Mental, realizó en 2017 un seguimiento longitudinal de 17 pacientes con trastorno bipolar en Estados Unidos. El estudio acumuló 37,5 años combinados de observación clínica.
Los investigadores encontraron que, en varios pacientes, los episodios de manía y depresión parecían sincronizarse con fases lunares específicas, especialmente luna llena y luna nueva. No obstante, el patrón no fue uniforme en todos los casos.
Wehr también participó en una investigación publicada en 2021 que analizó datos menstruales registrados durante aproximadamente 15 años por 22 mujeres. En algunos casos se observó sincronización intermitente entre el ciclo menstrual promedio de 28 días y el ciclo lunar. Sin embargo, la correlación tendía a desaparecer con la edad o mayor exposición a luz artificial nocturna.
Debate metodológico y perspectivas futuras
Una de las razones que explican los resultados contradictorios entre estudios antiguos y recientes radica en la metodología. Investigaciones previas analizaron grandes poblaciones en momentos específicos del ciclo lunar, mientras que los trabajos más recientes han seguido a individuos durante largos períodos, permitiendo identificar patrones cíclicos sutiles.
Expertos en medicina del deporte y cronobiología sostienen que comprender posibles influencias lunares podría aportar información sobre el rendimiento atlético, el tratamiento de trastornos del sueño y condiciones como el trastorno bipolar, donde el descanso cumple un papel central, señala el artículo de National Geographic.
A pesar de los hallazgos recientes, el consenso científico aún no establece una relación causal definitiva entre el ciclo lunar y cambios conductuales o fisiológicos en humanos. Los investigadores coinciden en que se requieren protocolos estandarizados, muestras más amplias y estudios replicables para confirmar o descartar estos efectos. (10).
