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Las autoridades de México cifraron este viernes en 130.178 las personas que permanecen desaparecidas en el país desde 2006 en el marco de la guerra contra el crimen organizado, especialmente contra los cárteles de la droga.
Víctimas del narcotráfico y la guerra sucia en México
El subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, Arturo Medina, explicó que las cifras totales de desaparecidos se separan en dos categorías: la llamada ‘guerra sucia’ o “desaparición forzada cometida desde el Estado” e iniciada desde las más altas esferas del poder político, así como la etapa desde diciembre de 2006 en el marco de la guerra contra el narcotráfico.
En concreto, la secretaria ejecutiva del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Marcela Figueroa, detalló que 2.356 personas figuran todavía como desaparecidas en el periodo de 1952 a 2005, mientras que “hay 130.178 registros de personas que continúan con estatus de desaparecidas” desde el 2006 hasta la fecha.
No hay datos de muchas desapariciones
Figueroa explicó que de esos 130.178 casos, un 36% no cuentan con datos para su búsqueda, mientras que un 31% han tenido actividad tras la fecha de su desaparición. Asimismo, 43.128 personas no han dado señales –lo que representa un 33% del total— si bien de estas solo 3.869 cuentan con carpeta de investigación y 26.611 son solamente avisos de desaparición.
“Se han registrado un total de 394.645 casos (en las dos categorías). Aunque su creación es de 2018, el registro incluye casos de 1952 hasta la fecha. De ese universo, el 66% –262.111 personas– ya han sido localizadas y, de ellas, 92% –240.211– fueron encontradas con vida. Del total de personas localizadas, el 96% no fue víctima de algún delito“, señaló en una rueda de prensa.
Familias de México buscan a sus seres queridos
Los colectivos de búsqueda en México, conocidos mayoritariamente como Madres Buscadoras, constituyen una respuesta civil desesperada ante la crisis de desapariciones que azota al país. Ante la ineficiencia institucional y los altos índices de impunidad, estas agrupaciones —formadas principalmente por mujeres— han asumido roles de investigadoras, peritos y excavadoras.
Utilizando herramientas rudimentarias como varillas, picos y palas, estos colectivos recorren cerros, baldíos y fosas clandestinas siguiendo pistas anónimas. Organizaciones como las Madres Buscadoras de Sonora, el Colectivo Solecito o el Movimiento por Nuestros Desaparecidos han logrado localizar miles de restos humanos que el Estado ignoraba.
Su labor es de un riesgo extremo: enfrentan amenazas directas de cárteles, vigilancia constante y, en casos trágicos, el asesinato de sus integrantes. Pese a ello, su lema “hasta encontrarles” simboliza una lucha inquebrantable por la verdad y la justicia, transformando su dolor privado en un movimiento político que exige identificar a los más de 130,000 desaparecidos.
