La irregularidad del invierno en el norte de Manabí afecta actualmente a ganaderos, debido a la escasez de lluvias, provocando falta de agua, pasto y alimentos.
El fenómeno climático registrado en varios cantones de Manabí ha generado condiciones adversas para la actividad agropecuaria, afectando directamente la disponibilidad de recursos hídricos y alimenticios.
Pastizales secos y reservorios vacíos son parte del panorama reportado por productores, quienes dependen del ciclo invernal para garantizar la alimentación y supervivencia del ganado.
La situación ha motivado al sector a solicitar la declaratoria de emergencia, con el objetivo de acceder a soluciones técnicas que permitan enfrentar la escasez hídrica.
Impacto del invierno irregular
En la zona norte de la provincia, el invierno no ha cumplido su comportamiento habitual, caracterizado por lluvias constantes que favorecen el crecimiento del pasto y cultivos.
Actualmente, la intermitencia de precipitaciones ha limitado el desarrollo de vegetación necesaria para la alimentación del ganado, generando preocupación entre los productores locales.
La combinación de escasas lluvias y radiación solar intensa ha acelerado el deterioro de los suelos, reduciendo su capacidad de retención de humedad y afectando cultivos.
Samuel Agudelo, habitante del sector San Andrés en la parroquia Santa Rita del cantón Chone, describe el ciclo invernal actual como deficiente.
Según su testimonio, las lluvias se presentan de manera esporádica, con apenas dos días de precipitaciones por cada veinte de sol intenso en la zona.
Esta irregularidad ha impedido el crecimiento adecuado del pasto, limitando la disponibilidad de alimento natural para el ganado, lo que incrementa los costos de producción.
Estrategias de supervivencia
Ante la escasez de forraje, algunos ganaderos han optado por adquirir silos para alimentar a sus animales, lo que implica gastos adicionales difíciles de sostener.
Agudelo señaló que para cubrir estos costos deberá vender parte de su ganado, con el objetivo de preservar la vida del resto de animales.

Esta práctica refleja una estrategia de supervivencia ante la falta de recursos naturales, evidenciando la gravedad de la situación que atraviesa el sector ganadero.
Una situación similar se presenta en la parroquia San Isidro, cantón Sucre, donde Estefanía Solórzano Navarrete reporta niveles bajos en quebradas y esteros.
Estos cuerpos de agua no han alcanzado los niveles registrados en años anteriores, reduciendo la disponibilidad de agua para el consumo animal y actividades productivas.
La falta de lluvias ha afectado también a otros cultivos, generando un efecto indirecto en el sector ganadero, que encuentra alternativas en estas pérdidas agrícolas.
Consecuencias en la producción
El maíz, por ejemplo, no logró desarrollarse adecuadamente, lo que ha llevado a agricultores a ofrecer sus plantaciones como materia prima para la elaboración de silos.
Esta situación se ha convertido en un recurso temporal para los ganaderos, permitiéndoles suplir parcialmente la falta de pasto fresco en sus fincas.
Sin embargo, esta solución no reemplaza completamente las condiciones normales de alimentación, lo que afecta la salud y productividad del ganado.
Expertos y productores como Anselmo Arteaga señalan que la falta de hidratación y nutrición adecuada genera impactos inmediatos en el hato ganadero.
Entre las principales consecuencias se identifican la pérdida de peso, deshidratación severa y la reducción en la producción láctea y reproductiva.
Además, el estrés calórico y nutricional debilita a los animales, aumentando su vulnerabilidad ante enfermedades y reduciendo su capacidad productiva en condiciones adversas.
Solicitudes del sector
La preocupación es compartida por productores de distintos cantones, quienes coinciden en que la situación requiere medidas urgentes para evitar mayores pérdidas económicas.
El incremento en los costos de alimentación suplementaria y transporte de agua representa una carga difícil de sostener en el mediano y largo plazo.
Ante este escenario, los ganaderos plantean la necesidad de una intervención estatal que permita mitigar los efectos de la crisis climática en la región.
Entre las propuestas se encuentra la construcción de pozos profundos y someros, destinados a la extracción de agua subterránea para consumo animal y riego.
También se solicita la implementación de albarradas, infraestructuras tradicionales que permiten almacenar agua de lluvia y garantizar reservas durante periodos de sequía.
Estas medidas buscan fortalecer la capacidad de respuesta del sector agropecuario frente a condiciones climáticas adversas que afectan la producción en Manabí.
Perspectivas y medidas urgentes
Los productores advierten que, de continuar la situación actual, será necesario declarar en emergencia al sector agropecuario para facilitar la ejecución de acciones inmediatas.
La declaratoria permitiría canalizar recursos y asistencia técnica orientada a garantizar el abastecimiento de agua y alimentos para el ganado en riesgo.
Asimismo, se considera fundamental implementar estrategias sostenibles que fortalezcan la resiliencia del sector frente a eventos climáticos irregulares en el futuro.
El acceso a sistemas de riego de emergencia podría contribuir a preservar los cultivos y pastizales restantes, evitando pérdidas mayores en la producción agrícola.
Estas acciones forman parte de un conjunto de soluciones técnicas que requieren coordinación entre autoridades y productores para su ejecución efectiva en territorio.
La situación actual evidencia la dependencia del sector agropecuario de las condiciones climáticas, así como la necesidad de fortalecer la infraestructura hídrica en Manabí.
Con información de César Vélez
