A 48 horas de la sorpresiva captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en Caracas, el escenario internacional ha dado un giro radical. En espacio de diálogo de Manavisión Plus, el economista y PhD en Ciencias Políticas, Diego Donoso, desglosó el impacto de la operación militar y el complejo proceso de transición que enfrenta Venezuela bajo la mirada atenta de potencias como Estados Unidos, China y Rusia.
-¿Qué repercusión tiene hoy, después de 48 horas de la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en Caracas por parte de los EE.UU.? ¿Qué se puede recabar como concepto y opinión?
Inicialmente, algo que deberíamos tomar en cuenta es que hay una reorganización en cuanto a la política exterior y a la lógica de la doctrina de la política internacional. Esto no debe resultar nuevo para nosotros, tomando en cuenta que dentro del plan de seguridad, en la segunda presidencia de Donald Trump, ya se mencionaba la reestructuración o actualización de la Doctrina Monroe de 1823. En ella, ellos dan una mayor visión y alcance sobre las necesidades de ampliar y reforzar las áreas de influencia y los recursos, rutas comerciales y logísticas directamente relacionadas a EE.UU. y sus socios en el continente.
Aquí también ha habido observaciones sobre la aplicación o inobservancia del derecho internacional. A nivel político, debemos considerar la repercusión en la economía venezolana de la mano de su relación con Rusia, China y EE.UU. En términos generales, estos son los aspectos a tomar en cuenta junto al proceso de transición que se supone inició tras la captura.
-Hay voces distintas sobre la transición. Edmundo González fue el ganador del 2024, pero Trump actúa con cautela y ha dicho que Delcy Rodríguez debe seguir instrucciones mientras el proceso se estabiliza. ¿Cuál es su lectura?
Hay dos puntos importantes: la legalidad o legitimidad del gobierno de González y, por otro lado, la gobernabilidad. Es decir, la capacidad que este gobierno electo tendría para ejercer el mando. Entendemos que la mayor parte de la oposición no está dentro de Venezuela y su capacidad de representación tal vez no tiene el mayor apoyo en los distintos niveles de las instituciones; posiblemente sí en la población, pero no en las instituciones.
Sería arriesgado hacer una transición de gobierno sin capacidad de reorganizar las instituciones. Se estima que el gobierno de Maduro distribuyó alrededor de seis millones de armas entre organismos de seguridad ciudadana o “seguridad popular”. Una transición tan abrupta por quienes no pudieron posesionarse, desbaratando radicalmente el régimen, podría generar puntos focalizados de conflicto armado. Quizás no una guerra civil, pero sí resistencia violenta en localidades que aún son fieles a la línea chavista y no aceptarían una transición inmediata.
-¿Es Delcy Rodríguez la figura ideal para este momento? ¿Soportará la presión de EE.UU. teniendo al lado a personajes como Cabello y López?
Tal vez no sea la figura que hubiésemos deseado, pero es lo que se tiene. Una ventaja de que Delcy Rodríguez ejerza la presidencia temporal es que conoce todas las estructuras. Si se respetan los parámetros de la negociación con EE.UU., ella entiende el entramado de las figuras del chavismo vinculadas a la política nacional e internacional. Esto permitirá que la cúpula militar comience a cesar paulatinamente.
Mucha gente afín al chavismo ya debió haber salido del país este fin de semana. Tener una figura menos confrontativa facilitará a EE.UU. tener claridad sobre quiénes manejan realmente el poder y generar una salida lo más organizada y pacífica posible.
-Economista, hablemos de Colombia. Donald Trump indicó que “más le vale a Gustavo Petro cuidarse”. ¿Qué repercusiones regionales habría?
Directamente no debería haber ninguna repercusión. El secretario Marco Rubio comentó que hay una buena relación sostenida con las instituciones colombianas. Tal vez a nivel de mandatarios la línea política no es la más afín y algunos pronunciamientos no sean atinados, pero eso no representa un riesgo directo hacia Colombia. Lo que sí se pone de manifiesto es que cada gobernante está asumiendo una posición política mucho más clara. Hay cinco o seis países en la región, incluyendo a España, que apoyan al gobierno de Maduro; el resto del continente ha plegado hacia la transición pacífica y el proceso democrático.
-Ecuador no está en esa lista de países que apoyan a Maduro. ¿Qué tan importante es esto para nuestro país?
Guarda un alto nivel de coherencia, tomando en cuenta que la presidencia actual tiene estrechas relaciones con EE.UU. Esto fortalece las relaciones diplomáticas y consolida a las instituciones y al comercio ecuatoriano como alineados al respeto de la democracia y las alianzas estratégicas.
Este tipo de incursiones no es casualidad. Hay una doctrina política que plantea intervenciones en territorios con condiciones de autoritarismo o radicalismo. La Doctrina Kirkpatrick de 1979 ya hablaba de permitir incursiones en terceros países para estabilizar y lograr un clima de paz que asegure el desarrollo de toda la región.
-Gabriel Boric, presidente de Chile, indicó que si hoy es Venezuela, mañana podría ser otro país. ¿Marca esto un precedente peligroso?
No necesariamente. Venezuela ha venido incumpliendo reiteradamente la normativa internacional y los compromisos de transición democrática. No estamos en un escenario de intervención en un país democrático normal. Si se reconoce al gobierno de Maduro como una dictadura, la intervención se justifica bajo condiciones similares: instituciones no reconocidas, ejercicio ilegítimo del poder y falta de apoyo internacional. El caso de Boric es particular porque, aunque cuestiona la dictadura venezolana, también cuestiona la incursión de EE.UU. en suelo venezolano.
-Tras la captura, se habla de que cae la red de financiamiento político desde PDVSA hacia el correísmo. ¿Es parte del show político o cree que la “ola” de Trump llegará al Ecuador si Maduro o Cilia Flores colaboran con la justicia?
Posiblemente Maduro no sea el cooperador eficaz, pero esperaría que sus colaboradores cercanos sí lo sean para brindar información sobre el financiamiento a distintos países. La reacción de algunos actores políticos locales era de esperarse; pliegan a reconocer la intervención como ilegítima porque se ven directamente afectados.
Se podrá dar paso a tener claro cuáles son los montos, intermediarios y destinos de esos recursos, ya sea para movilizaciones, campañas o contratos. Será un proceso largo, pero la información derivada de este acontecimiento llegará a repercutir dentro del país.
-¿Implicaría esto un castigo político para la Revolución Ciudadana de cara a futuras elecciones?
El movimiento de la Revolución Ciudadana ya está en un proceso de transición a una nueva generación. Este tipo de apoyos a líderes como Maduro, o el intentar redefinir la democracia para justificar lo que pasaba en Venezuela, tergiversa la realidad y desestima la vigencia de esos líderes políticos. Posiblemente veremos un desmembramiento de estos movimientos hacia nuevas organizaciones que, aunque alineadas a esa lógica, le resten poder a los líderes que inicialmente eran los más representativos.
-Finalmente, ¿cuánto tiempo le tomaría a Venezuela recuperarse económicamente de este desastre?
De manera precipitada, consideraría que al menos unos 10 años. Primero hay que diagnosticar la real situación del país. Los intereses de EE.UU. no están solo en los recursos, sino en los compromisos comerciales. Aquí entran socios como China y Rusia, que han invertido ingentes sumas de dinero y quieren asegurar que el proceso de transición sea claro para recuperar sus recursos. Posteriormente vendría la recuperación del aparato productivo y del tejido social. Es un proceso de mediano y largo término que dependerá de la capacidad del gobierno de transición para poner las cosas en claro.
