Desde la madrugada del pasado 3 de enero de 2026, el Centro de Detención Metropolitano (MDC) de Brooklyn (Estados Unidos) alberga a uno de los reclusos más custodiados del hemisferio. Nicolás Maduro, detenido tras una intervención militar ejecutada por Estados Unidos, se encuentra en esta fortaleza de hormigón ubicada en Sunset Park. La instalación, única prisión federal en la ciudad de Nueva York, ha sido el destino inmediato para el exmandatario y su esposa, Cilia Flores, quienes aguardan el inicio de su juicio por narcoterrorismo en medio de un operativo de vigilancia sin precedentes.
En este mismo centro penitenciario se encuentra recluído el ecuatoriano José Adolfo Macías Villamar, alias “Fito”, a quien las autoridades ecuatorianas y estadounidenses identifican como máximo líde de la agrupación criminal “Los Choneros“. Aunque se conoce que Maduro y “Fito” se encuentran en la misma cárcel, no hay detalles respecto a las árean en las que ambos se encuentra o si comparten la sección dentro del centro penitenciario.
El edificio, que abarca unos 60.000 pies cuadrados, se diseñado originalmente en la década de los noventa para aliviar el tráfico judicial del Distrito Este. Sin embargo, el lugar donde hoy duerme Nicolás Maduro tiene una reputación oscura, algunos jueces y abogados defensores lo describen como un “infierno en la tierra”. Las críticas apuntan a una infraestructura que, pese a contar con barricadas de acero capaces de frenar camiones, sufre de un deterioro interno marcado por la violencia constante y graves deficiencias en los servicios básicos para los internos.
El régimen del “hoyo” y la vida diaria
La estructura principal del penal cuenta con nueve plantas, pero es en la zona más alta donde el rigor alcanza su punto máximo. Se presume que Nicolás Maduro podría estar alojado en la Unidad de Vivienda Especial (SHU), conocida coloquialmente como “el hoyo”. En este sector, diseñado para los perfiles más peligrosos o vulnerables, las celdas tienen apenas cinco metros cuadrados y las luces permanecen encendidas las 24 horas, impidiendo un ciclo de sueño natural bajo la mirada incesante de cámaras de seguridad individuales.
La rutina para los habitantes de este sector es de un aislamiento casi total, lejos de las áreas comunes como el gimnasio o la biblioteca. Según reportes de organismos de derechos humanos, reclusos de alto nivel como Nicolás Maduro apenas disponen de tres horas a la semana fuera de su cubículo. Durante sus traslados internos, deben ir con esposas y escolta, y las condiciones sanitarias son estrictas: los internos en estas unidades de castigo a menudo no pueden ni siquiera descargar sus propios inodoros sin asistencia automatizada o control externo.
Hacinamiento y protocolos de seguridad en la cárcel donde está Nicolás Maduro
Aunque el centro se inauguró con una capacidad para 1.000 personas, la realidad actual desborda las proyecciones iniciales. La llegada de Nicolás Maduro coincide con un periodo de sobrepoblación, albergando a más de 1.200 detenidos, situación agravada tras el cierre del presidio de Manhattan en 2021. Este hacinamiento ha incrementado la tensión en los pasillos, donde el tráfico de contrabando y la escasez de personal son problemas reportados frecuentemente por la prensa local y la televisión pública estadounidense.
A pesar de contar con una unidad médica y consultorios dentales, la prioridad en el caso del político venezolano es la contención. Nicolás Maduro se encuentra en un entorno donde las ventanas son minúsculas ranuras que apenas dejan entrar claridad. La seguridad es la máxima prioridad del Buró de Prisiones, que ha blindado el perímetro para evitar cualquier incidente, convirtiendo al MDC en una caja hermética de la cual es prácticamente imposible escapar o mantener contacto fluido con el exterior.
